Aunque me des la espalda de cemento,
Te mire transcurrir indiferente,
Es esta mi ciudad y esta mi gente
Y este el lugar donde a morir me siento…
Te quiero Buenos Aires y a tu gente,
Y entre tu gente moriré contento…
Eladia Blázquez “Mi ciudad y mi gente”
Como aquel programa de Antonio Carrizo “La vida y el canto”, muchas veces, aún con sonidos altisonantes, la vida es un canto. Un canto a la alegría y al dolor, a los amigos y al amor, a lo cotidiano y a lo extraordinario, a lo pasajero y a lo definitivo. Y en ese canto a la vida, vamos sumando los sonidos de nuestro andar, para componer su melodía.
En el pentagrama de esa melodía, Juan Carlos Ilardo fue escribiendo la partitura de andar por la existencia, que además de su arraigo al trabajo, sumó sus cualidades de futbolista y cantor. De chico, aún en la primaria, integró un equipo de fútbol infantil barrial, que dejó escritas hermosas páginas de nostalgia: “Los Diablos Rojos”. Luego, ya en su etapa “profesional”, San Martín, primero y Atlético C. Casares, y la Selección de nuestra Liga luego, fueron testigos de sus grandes cualidades para el más popular de los deportes. Y tal vez en concomitancia con esa pasión deportiva, nació el espacio para desarrollar su vena de cantor. Con compañeros del equipo de los “genuinos” como llaman a Atlético, Bocha Ferrante, Juan Carlos Iturbe y Alberto Piche Michel y un amigo de la barra, Julio Campos, formaron el basamento de una agrupación folklórica que recorrió por unos años y con gran éxito el universo zonal del canto vernáculo: “Los Cantores del Anga Huaco”. Incluso un espectáculo de una calidad superior, “Al sur de América y el canto”, que hicieron junto a Mario Gersenobitz, marcaría con el correr del tiempo, un camino laboral donde se destacara por méritos propios. En este espectáculo, Ilardo cantó como solista el tema de Eladia Blázquez “Mi ciudad y mi gente”, que con algunos de sus versos iniciamos este recordatorio, especie de Réquiem, de quien nos dejara el 20 de mayo. Mientras transcurría su existencia en Carlos Casares, supo trabajar con el abogado Efraín Dardo Antonio Márquez, que fue Jefe del Registro Civil y tenía su bufete frente a la Sede del Club Sp. Huracán.
Aquí, y de su amistad con Gersenobitz, nació el germen de su oficio de vida. Cuando Márquez se fuera a Trenque Lauquen, Juan Carlos Ilardo se fue a Buenos Aires, donde comenzó a trabajar de Gestor, actividad en la que pronto logró una importante cartera. Pero cuando en noviembre de 1998, Mario Gersenobitz ingresó al Consejo de la Magistratura, donde estuvo por dos períodos de 4 años, el destacado abogado casarense llevó con él a su amigo. Ilardo allí fue ganando lugares de importancia hasta llegar, en la actualidad a una Jefatura Seccional, una especie de Subdirector dentro del Consejo de la Magistratura, done estaba próximo a jubilarse. Con motivo de su fallecimiento, fueron publicados en el diario La Nación sendos avisos fúnebres, uno del Presidente de la Comisión de Selección de Magistrados y Escuela Judicial del Consejo de la Magistratura de la Nación, Dr. Eduardo de Pedro, funcionarios y empleados, y otro del Presidente del Consejo de la Magistratura del Poder Judicial de la Nación Dr. Alejandro Sánchez Freites, consejeros y funcionarios.
Casado con la casarense Lily Allende y padre de una hija, Luciana, vivía en la Capital Federal, pero sin olvidar a su familia y sus raíces, solía venir con cierta asiduidad a nuestra ciudad. Todo en su vida, parecía tener un ritmo normal y dentro de los cánones de la relativa felicidad y prosperidad. Pero un día el destino le dio “la espalda de cemento” y aquel muchacho que había nacido el 30 de diciembre de 1947, se encontró que en ese “gastar la vida, las suelas y el traje”, como decía Eladia, que la salud, como arena entre las manos, se le iba yendo. Y a sus 66 años recién cumplidos, comenzó, lenta y dolorosamente, a transitar el último tramo de su camino. Estuvo un tiempito internado en la Fundación Favaloro y, últimamente en el Hospital Italiano de San Justo, donde estaba haciendo una rehabilitación, cuando su corazón de aventurero y cantor detuvo su andar, “en este lugar donde a morir me siento”.Era el medio día del martes 20 de mayo y “el Loco” del enorme cariño de la afición futbolera, el cantor de la melodiosa voz, el padre, hermano y amigo comenzaba a transitar el camino de los recuerdos. Fue velado en la Capital y llevado al Cementerio de la Chacarita, donde será cremado.
Y como una vez, jugando para Atlético y le dijo a Dusio, su arquero “tomala viejo” y la clavó en un ángulo, a él también la vida, le hizo un gol en contra…