Parafraseamos en la titulación a aquella inmortal película “Al Maestro con cariño”, que protagonizara Sidney Poitier, porque ese es el sentimiento que nos embarga el alma al referirnos en este especial momento al querido Profesor de Educación Física Juan Carlos Ernesto Goyeneche, a quien el cariño de alumnos, compañeros de trabajo, futboleros que compartieron su trayectoria, amigos y la población en general, tal vez por su rubia cabellera, lo llamaron “Polaco”, apodo que lo acompañó siempre. Incluso al Goyeneche casarense lo conocieron por esta designación antes que al recordado cantor de tangos de igual apellido.
Nacido en la localidad de Smith, vino con su familia a vivir a Carlos Casares siendo un pequeño y fue a domiciliarse a la calle Moreno, en las cercanías de donde hoy está el Jardín de Infantes Nº 901, en el llamado “Barrio Caldentey”. Y fue integrando un equipo de dicho barrio en un campeonato infantil barrial que se jugaba en la llamada “Cancha Montenegro”, en terrenos donde hoy está la sede de la Liga Casarense de Fútbol, que debutó en un partido donde (según nos refiere Mingo Caldentey) ganaron 6 a 1 con los 6 goles marcado por ese rubio chico venido de Smith y a quien comenzaron a llamar “Polaco”. El tiempo fue sumando días a su andar y Goyeneche terminó sus estudios secundarios y siguió la carrera de Profesor de Educación Física, porque siempre fue un amante de este tipo de actividad y fue el primer casarense que recibiera ese título (entre los varones, porque años más tarde María Alejandra Gatti sería la primera profesora mujer). Ese título de Profesor lo distinguió toda la vida. Muy joven comenzó en el viejo Colegio Nacional de la calle Maipú (él vivía en frente, cruzando la calle) y fueron varias generaciones de casarenses que lo tuvieron como su emblemático educador, ganándose el respeto y cariño de todos para toda la vida, por su forma de ser, compendio de llanezas, siempre con un comentario ameno y una sonrisa como eterna compañera. Con el devenir del tiempo, llegó a desempeñar el cargo de Rector del Nacional, ya en su actual ubicación, de Cecilia Borja y Maya. También fue uno de los fundadores del C. E. F. Nº 11, y fue esa institución la que deseó homenajearlo en vida, imponiendo el nombre de “Juan Carlos Goyeneche” a su pista de atletismo.
Aquel andar de futbolista que naciera al conocimiento público en aquella antigua y familiar Cancha Montenegro, lo llevó por distintos caminos, jugador veloz y de fuerte pegada, a defender los colores de distintas instituciones de nuestro medio y ligas vecinas. Comenzó en el viejo Libertad casarense, también militó en Sp Huracán y Atlético Carlos Casares y actuó alguna temporada en La Niña de la Liga Nueve-juliense.
Ya en su época de la edad media de su vida, dedicaba su tiempo a la actividad rural, y a las reuniones con amigos y, porque sus magníficas prendas personales y el cariño que le tenía la gente lo justificaron plenamente, tuvo un paso por la actividad política, siendo Concejal, durante el gobierno de su amigo Pascual A. Rampi, por el Partido Justicialista (llegando a ocupar la Presidencia del Cuerpo cuando Rodolfo Caprioli, Presidente a la sazón, y candidato a Intendente, viajara a Italia).
Casado con Griselda Chila Forneri, también docente como él, fue padre de tres hijos, Juan, Martín y Jorge, que lo hicieron reiteradamente abuelo. El fallecimiento temprano de su hijo Juan fue un terrible golpe del que no se repuso nunca y comenzó, desde entonces, a transitar lamentablemente, el camino postrero de su existencia. Un ACV melló sus resistencias y luego de algún tiempo de muchos altibajos en su salud, el miércoles 23 de julio, en su domicilio de Almirante Brown 228 (casi frente a la Escuela Nº 2), cuando contaba con 81 años de edad, el querido y emblemático Profesor Juan Carlos Ernesto Goyeneche, el inolvidable “Polaco”, emprendía ese viaje hacia el mundo de los recuerdos. En el acto de la inhumación de sus restos en el Cementero Municipal, previo responso religioso rezado en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora del Carmen, el miércoles 23 a las 15 hs, familiares, amigos y muchos de aquellos que fuimos sus alumnos, le dimos el último adiós al viejo y querido Profesor, que volviendo cada día, a través de la nostalgia, nos ha de seguir acompañando desde los recuerdos más queridos.
J. D. O.