Siempre se ha dicho que la mejor manera de combatir una situación de inseguridad, es tomando medidas preventivas que hagan trabajoso y difícil el trabajo de los delincuentes. Estando alertas, evitar descuidos y rodeándose de elementos de seguridad, tales como cercas, cerraduras, alarmas y cámaras de seguridad, se pueden evitar gran parte de los delitos que tanto nos preocupan y nos han «robado» la tranquilidad. Valga la paradoja…
Día a día vemos que lamentablemente estos pueblos terminan «importando» las modalidades delictivas de las grandes ciudades. Incluso ya hemos visto hasta secuestros virtuales, una forma de delito si se quiere cibernética que aterroriza víctimas generando secuestros inexistentes, que en muchos casos logra sus objetivos.
Otra de esas modalidades, más real y acaso de moda en ciudades muy pobladas, ya está arribando a estas zonas y estimamos puede llegar a instalarse con éxito si las potenciales víctimas no toman los recaudos necesarios para evitarlo. Nos referimos a las salideras bancarias, un delito de factura simple en el que pueden intervenir uno o más sujetos, y que se reduce a localizar a personas que retiran una cantidad determinada de dinero del banco. Una vez identificado lo siguen o avisan a un cómplice que está fuera de la institución para que lo siga y a partir de allí buscar el momento apropiado para asaltarlo y robarle el dinero. En Buenos Aires y otras ciudades importantes suelen seguir a sus víctimas en moto, para luego poder darse a la fuga con mayor rapidez.
Conversando con un empleado de un banco local que tiene gran movimiento, éste nos decía: «Aquí los especialistas en salideras bancarias se harían un pic-nic, algunos retiran o cobran cantidades de dinero muy importantes y no toman ningún tipo de recaudos, salen del banco lo más tranquilamente, suben a sus autos o camionetas y se van. También lo hacen empleados de empresas, guardan el dinero en una carterita o en sus bolsillos y van a pie a sus lugares de trabajo».
Relatos como éste podrían repetirse y ser coincidentes, son pocas las personas que evitan ponerse en evidencia o se hacen acompañar por otras para obstaculizar el trabajo de los probables delincuentes.
Lo sucedido días pasados en 9 de Julio, hecho del cual nos ocupamos en anterior edición, demuestra que allí se acechó a la víctima, se hizo un trabajo especial para obligarlo a detener su auto, e incluso cuando algo les falló aprovecharon un descuido para materializar el despojo.
Estas líneas no tienen como propósito alarmar, todo lo contrario, simplemente intentan alertar a aquellos que deban retirar de los bancos sumas de dinero importantes, para que tomen medidas preventivas, ya sea prestando atención a las personas que puedan estar observando, al igual que poner especial cuidado al subir a un vehículo o bajar del mismo cuando llegue a destino.
Debemos resignarnos a vivir en tiempos difíciles y evitar ser parte de la crónica policial diaria. La inseguridad, lamentablemente, es el peor de los flagelos, y debemos estar concientizados que de todas las formas posibles debemos evitar que los malos nos ganen.