Podría decirse que es un mal del verano fruto de un servicio ineficiente que se brinda con total desprecio por los usuarios, que es insuficiente y de pésima calidad. Nos referimos al servicio de agua potable, que no es potable, y que por la poca presión en las cañerías no alcanza a subir a los tanques ubicados sobre los techos de las viviendas. Ello ha llevado a soluciones caseras a cargo de los vecinos, los que han construido cisternas a nivel del piso, para luego elevar el agua a los tanques con pequeñas bombas ele-vadoras. Otros en cambio deben soportar la carencia de agua porque no han querido o no han podido buscar ese tipo de soluciones, que además de costosas, por distintas razones son dificultosas.
Y si a toda esa problemática le sumamos la irresponsabilidad de muchos usuarios que llenan sus piletas de natación con el agua de red, nos encontramos con que la solución ya no depende sólo de la empresa proveedora, sino también del vecindario. Dejar toda la noche una manguera abierta para llenar una pileta de natación es privar de agua a muchos otros vecinos que la necesitan para cocinar, asearse, lavar la ropa y cargar el depósito de sus baños.
Si por parte de la empresa proveedora no hay eficiencia en el servicio, y por parte de una porción de vecinos no existe la solidaridad para con el resto, estamos verdaderamente en problemas. La solución por lo tanto debe pasar por todos. De unos debe ocuparse la justicia, porque el servicio es pago y deficiente. Los jueces deben sancionarlos severamente y exigirles cumplimiento. De los otros debe ocuparse su conciencia, un juez que suele ser implacable, pero que también se la burla como a la justicia.
DESDE LAS REDES SOCIALES SE OBSERVA CADA VEZ UNA MAYOR IMPUNIDAD
Cualquiera opina «al voleo», dice lo que se le antoja, condena, agravia y con total impunidad hace uso de las redes sociales amparándose en el anonimato a través de seudónimos, nombres supuestos o lo que fuere. Son muchos también los que usan esos espacios responsablemente, desgranando su opinión e intentando sumar en hechos o situaciones que trascienden a la comunidad.
En cambio los que opinan alegremente con afán caústico, sin importarles siquiera el daño colateral que puedan estar realizando, son los que contribuyen al cuestionamiento que se le hace a las redes sociales, cuando en realidad su uso debe ser positivo y contribuir, desde la comunicación, a la construcción de un mundo más participativo y abierto a todas las expresiones.
Poco se puede hacer, salvo apelar al sentido común, a la responsabilidad ciudadana y al uso inteligente de esas poderosas herramientas que hoy nos brinda el modernismo y la tecnología.