La única manera de prevenir los accidentes es obligar a los que por allí transitan, a reducir la velocidad
Parece paradógico, pero equidistante a los dos cementerios de nuestra ciudad, hay una curva mortal. Nos referimos a la llamada «curva del cementerio», en la cual perdieron la vida numerosos casarenses, fruto de la imprudencia o la fatalidad, pero pagando un duro precio a su peligrosidad. Se trata de una curva de 90º que cuando se la toma a mayor velocidad de la permitida se va achicando progresivamente hasta que el auto o la moto que la transitan no pueden mantenerse sobre la cinta asfáltica y se desplazan inexorablemente a la banquina. Allí vuelcan o se estrellan contra las plantas. Se trata de una curva peligrosa, en la que de tanto en tanto se producen serios accidentes, la mayoría fruto de la irresponsabilidad de los conductores que no la respetan. Es así que diariamente y en especial los fines de semana, decenas de motociclistas transitan por ese tramo de la ruta en escalofriantes «picadas», y por las noches, también los fines de semana son los automovilistas los que ponen a prueba sus habilidades conductivas, generalmente con alguna copa de más, tomando esa curva en exceso de velocidad.
Como ha venido sucediendo en los últimos años, la única manera de prevenir estos problemas que cuestan vidas, es colocando reduc-tores de velocidad que impidan el tránsito veloz, obligando a quienes allí transitan a aminorar la marcha. Son por lo general molestos, no cuentan con la aceptación de los conductores, pero en los tiempos que corren son inevitables.
La imprudencia de no usar casco es también una de las razones primordiales por la cual algunos accidentes son fatales o determinantes de serias lesiones cerebrales a sus protagonistas. Ocurrió días pasados con un joven motociclista en la ruta 5, el que falleció, ocurrió ahora en la curva del cementerio con heridos graves y seguirá ocurriendo en el futuro si no se hace nada para prevenirlo.