Parapsicólogos, curanderos, manosantas, hombres y mujeres que diciendo tener poderes especiales confiados desde el más allá, se atribuyen el poder de sanar los cuerpos y las mentes, muchas veces ante situaciones en las cuales quienes los consultan han sido desahuciados por la ciencia médica, y esperan de ellos el milagro salvador. Los hay y muchos, atienden en sus «consultorios» y reciben a decenas y cientos de pacientes que confían seriamente en ellos, y tanto esperan la salvación de sus cuerpos como la solución a sus problemas sentimentales, de familia y otros tantos. Unos se hacen llamar «hermano tal…», «profesor fulano», «el curandero de tal lugar», se los reverencia con el nombre de pila, y se relatan de ellos historias mil sobre sus milagrosos poderes.
No vamos a usar este espacio para descalificarlos y menos aún para condenarlos. Por respeto a tantas personas que genuinamente creen en ellos y obedecen sus indicaciones y prácticas «curativas». Si aconsejáramos a quienes los visitan por razones de salud, a que no abandonen sus tratamientos médicos, ni aún cuando crean que estos no son efectivos para sus males. Hoy en día sabemos que la medicina también hace milagros, cada día aparecen nuevas curas, nuevos tratamientos y descubrimientos científicos que permiten curar enfermedades que antes eran incurables.
Pero al ocuparnos de estos personajes que se dicen parapsicólogos o asumen roles de «profesores» o curanderos, no podemos menos que alertar a sus pacientes cuando los tratamientos que proponen van reñidos con la moral, la ética y encierran intenciones malsanas que rozan en el delito.
La noticia policial reciente nos muestra a uno de esos «profesores», que atendía en nuestro medio, involucrado en una grave denuncia de abuso sexual reiterado a una menor de 9 años, cuya madre también podría estar imputada en ese aberrante hecho.
Queremos desde este espacio lanzar un alerta a todas aquellas personas que suelen visitar los «consultorios» de estos «parapsicólogos» o curanderos, para que no lleven sus creencias al límite de creer que son dioses o semidioses, y someterse a sus caprichos y voluntades. Y cuando se lleva a un menor como en el caso aludido, no separarse de él o de ella, jamás dejarlo sólo con la persona a la cual lo llevaron para atenderlo.
En los últimos años se han registrado casos similares en nuestra ciudad, lo que permite suponer que así como debe haber curanderos o parapsicólogos que intentan aplicar con honestidad sus poderes en beneficio de las personas que los consultan, otros se aprovechan de su condición y cometen abominables actos de los que debe ocuparse la justicia, aún cuando son irreparables para quienes fueron sus víctimas.