Se dice que si el actual Ministro de Interior y Transporte Florencio Randazzo llega a lograr un muy buen resultado con su proyecto en ejecución de mejorar la red de ferrocarriles, podría aspirar a ser candidato con muy buenas chances a Presidente de la Nación.
La estimación no es caprichosa, son millones las personas que viajan diariamente utilizando el servicio de ferrocarriles, las que sientién-dose bien atendidas, viajando rápido y en horario, sin apretujones, ni riesgos, con cámaras de seguridad y a resguardo de ladrones, a la hora de votar podrían hacerlo por quien se ha ocupado de un tema importante en sus vidas del que nadie jamás se ocupó.
Pero claro, la compra y puesta en funcionamiento de modernos vagones adquiridos a China, la mejoras del material, rieles, estaciones y servicios, se lleva a cabo por el momento sólo en Capital y Gran Buenos Aires. El interior en este proyecto encarado por el gobierno nacional, al que tanta publicidad se le da, parece no figurar.
Lejos están aquellos tiempos en que desde Casares y obviamente toda la línea del ferrocarril Sarmiento, las personas utilizaban el tren como un transporte habitual, en el que se trasladaban a Buenos Aires en vagones modernos, tapizados en cuero algunos, con baños en condiciones, y hasta un buen servicio de bar y comedor. A esos beneficios debía sumarse la rapidez del viaje, que a lo sumo empleaba cuatro horas y media desde Casares a Once o en sentido contrario.
A la llegada del tren diesel, en horas muy tempranas, decenas de casarenses lo esperaban en la estación para partir rumbo a Once en Capital u otras ciudades de su recorrido. Aquellos que iban por trámites o compras regresaban por la noche, algunos incluso cenaban en el tren, convirtiéndose la estación en un lugar de encuentro, entre los que arribaban y aquellos que los iban a esperar. Decenas de taxis ofrecían el servicio para el retorno al hogar. Decir que con frecuencia se congregaban en la estación más de cien personas no era exagerado.
Luego vino la decadencia del servicio ferroviario, el abandono, la desidia, el incumplimiento de horarios y los viajes interminables. Puede decirse que aquel servicio ferroviario murió. Resucitará alguna vez?. Por el momento todo indica que la situación empeora, si nos atenemos a que un comunicado de la estación ferroviaria local en el que nos dice que el servicio de pasajeros se ha cancelado por tiempo indeterminado.
Por lo que se ve, Randazzo y Cia., que parecen estar haciendo muy bien las cosas en Capital y Gran Buenos Aires, no contemplan en su proyecto el interior. Si lo hicieran el cambio sería tan notable que hasta los que hoy usan el auto para ir a Buenos Aires, lo harían en ferrocarril, sin dramas de tránsito, ni riesgos, a un costo mucho menor y sin tensiones, algo que no tendría precio. Pero claro, en las carretas actuales es imposible, ni siquiera pensarlo.
Cabe por lo tanto esperar que el proyecto se extienda al interior y la mirada no sólo se remita al núcleo más poblado del país, sino también hacia aquellos que también aspiran a subirse al ¨tren de la modernidad», o mejor dicho retornar a aquellas épocas en las que el ferrocarril era el transporte ideal, rápido, seguro y eficiente.
¿O acaso los votos del interior no son importantes?.