Lo comentamos días pasados, en distintos puntos de la ciudad se observan derrames cloacales, problemas de taponamientos y el olor es insoportable. No sólo las emanaciones se perciben en las calles, sino también en viviendas, comercios y hasta en bares y restaurantes, con los inconvenientes que ello causa. Sobran las explicaciones y tal vez tengan razón, los problemas son viejos, la red cloacal sea probablemente insuficiente y obsoleta, pero lo cierto es que el problema es concreto y requiere una solución urgente. Si nos quedamos con la resignación de pensar que nadie es responsable, vamos a tener que conformarnos con vivir en medio del olor a agua podrida y caca, a tomar agua con arsénico, y a esperar que una ayuda providencial nos solucione los problemas.