“Con el pecho hinchado de orgullo y la mirada bien alta, que el viento seque las lágrimas”
ISAUL WILNER
La emotiva y amorosa frase, llena de orgullo, reconocimiento y esperanza que Isaúl Wilner escribiera en Factbook, un par de días después del fallecimiento de Victorio “Víctor” Wilner, su padre, al reanudar su actividad habitual, define totalmente el reconocimiento, cariño y ejemplo que el querido e inolvidable vecino dejara en su trayectoria por su andar terrenal, buscando los espacios sagrados que supo ganarse por su forma de ser y actuar.
Victorio Wilner, Víctor para familiares, amigos, conocidos y vecinos y para la gran mayoría de quienes tuvieron la dicha de conocerlo, fue, verdaderamente, un apreciado vecino, humilde, con la humildad de los grandes, serio, respetuoso, con la mano extendida a “la gauchada” y el pecho dispuesto al abrigo de la amistad. Un luchador de la vida, sin bajar los brazos jamás, pero sin la ostentación de los soberbios, porque él fue, precisamente, la humildad y el decoro.
Casado con Sara Zygal, su compañera de toda la vida y madre de sus dos hijos, Silvina e Isaúl, que lo bendijeron con su cariño y sus nietos, que pusieron calidez y amor al tramo final de su marcha por la existencia, Víctor, permítanme que lo llame así, como lo conocí y traté durante medio siglo de nuestras vidas, fue un verdadero caminador del recto sendero, tachonado de lucha y sacrificio, a las que nunca eludió. Y uno recuerda sus trabajos en Casa Bilick, en El Montonero, de Luis Perelló, donde era eficiente mozo, lo mismo que en muchas reuniones gastronómicas a la que era convocado para manejar la bandeja, o en sus comienzos en el Gran Hotel, donde terminara siendo Conserje, hasta su jubilación. Pero luego de haber llegado a su condición de emérito del trabajo con aportes, siguió su tarea realizando trámites para algunas firmas que requerían sus servicios y por eso era habitual verlo por las calles de nuestra ciudad, con su sonrisa y su bonhomía.
Yo, que lo conocí allá en la calidez de la Talabartería de “Chocho” Urquijo, un verdadero templo de la amistad, donde además de colaborar con el talabartero, realizaba tareas propias, como la confección de cintos de cuero, que vendía por pedido de sus amigos, tengo por él el cariño nacido en la juventud (casi adolescencia) y que el destino se encargara luego de regar con el abono llamado tiempo. Y Víctor siempre fue igual, en su forma de ser, en su trato, en su acrisolada honradez.
La existencia de Victorio, Víctor Wilner, ese muchacho “todo corazón”, fue transcurriendo como un manso río que va recorriendo serenamente su camino por un valle llamado vida, hasta que un día en su cauce su corazón tranquilo, encontró el puerto final de su marcha, terminando casi plácida-mente el transcurrir de su andar, pero dejando, como bien lo dice Isaúl, el pecho hinchado de orgullo y la posibilidad de enfrentar al mundo con la mirada bien alta y dejar que el viento, que es como una caricia de despedida que nos dejara Víctor, seque las lágrimas…
En la ceremonia de su velatorio y la inhumación de sus restos en el Cementerio Israelita, el martes 23 a las16 hs., el enorme dolor que su inesperada partida despertara, quedó de manifiesto. Nos había dejado un apreciado vecino.