El mundo ha cambiado, ¿quién puede dudarlo?, aquello de que todo tiempo pasado fue mejor no deja de ser una frase. Los adelantos tecnológicos, la revolución cultural e industrial, las conquistas en materia de salud, todo lo nuevo, todo lo que no deja de asombrar y maravillar, los cambios, las costumbres y las modas. Pero si en algo el mundo ha cambiado es en la aceptación y tolerancia a aquellos que en otros tiempos fueron segregados, y que hoy forman parte de nuestra sociedad, aceptados como uno más de todos nosotros, iguales a todos.
Cuando hace algunos años El Oeste logró lo que en ese momento consideramos una primicia, el casamiento de una pareja homosexual ya se advertía en la comunidad una total tolerancia con visos de curiosidad por ser los primeros, luego llegaron otros, otras, y ahora la buena noticia del nacimiento de un hermoso bebé en el seno de una pareja homosexual. Nada extraño, nada raro, simplemente el acontecimiento más natural con una pequeña variante que se suma a los cambios de este nuevo mundo que quienes lo habitamos hemos aceptado de buen grado. Habrá por supuesto quienes desde una óptica retrógrada y moralista expresen su disconformidad, pero basta con escuchar los dichos o leer los escritos del Papa Francisco para comprender que también la iglesia ha comprendido que todos somos criaturas de Dios, con nuestras diferencias y similitudes, además ¿quién puede juzgar sino Dios?.
Desconocemos cuáles serán los próximos cambios, que los habrá. Pero ya estamos preparados, la intolerancia de ayer nos llevó al atraso, a la necedad de creer que lo normal era lo que algunos creían que era normal o natural, cuando lo natural es que aceptemos la diversidad, nuestra igualdad ante la ley, ante los hombres y ante Dios. Y van ya tres veces que nombramos al creador, y si él lo dispuso así ¿quienes somos nosotros para pensar lo contrario?.
Lo que importa es que Benicio llegó al mundo sanito y que tiene nada menos que dos mamás para que lo cuiden y lo mimen. ¡Felicitaciones!.