Hasta con recorrer el sector céntrico de la ciudad, tanto de día como de noche, para comprobar que se ha relajado por completo el control de los motociclistas, a tal extremo que han tomado la Avda. San Martín como pista para hacer sus shows de «Williys», ya no sólo con un motociclista al volante, sino también con acompañantes que se abrazan al conductor para no caer al pavimento. Ya nadie o unos pocos usan casco, se suben a las motos familias enteras o grupitos de tres y hasta cuatro ocupantes en un mismo vehículo, pasando delante de los inspectores de la Guardia Urbana y la sede policial cual si les estuvieran tomando el pelo. Las contraexplosiones siguen siendo una diversión. Pibes de 10 o 12 años circulan en motos de alta cilindrada y cuatriciclos, y como corolario de todo esto la guardia del hospital no da abasto atendiendo heridos, fracturados, chicos y jóvenes con severos trau-matismos de cráneo, etc. etc. etc.
No es nuestra intención molestar ni perseguir a nadie, sino por el contrario velar por la seguridad de los motociclistas, muchos de ellos -como decíamos- prácticamente niños y otros muy jóvenes que precisamente por el ímpetu de sus años tempranos desafían al peligro poniendo en riesgo sus vidas y las de los demás.
A las familias que usan la moto como un vehículo de traslado, ¡cuiden por favor a sus hijos!, protéjanlos con cascos, no sobrecarguen la moto, piensen que un choque con un auto o una camioneta, una caída sobre el pavimento puede ocasionar graves lesiones.
Sólo con responsabilidad, controles adecuados, concientización y medidas tendientes a corregir las infracciones, se puede lograr evitar el verdadero desmadre en el tránsito, al que (no vamos a echarle la culpa sólo a los motociclistas), contribuyen también desaprensivos conductores de autos y camionetas, que estacionan en cualquier lado, doblan en «U», circulan en exceso de velocidad y creen que tienen derecho a todo.
En suma: el tránsito en la ciudad, especialmente en sectores céntricos de mayor confluencia de rodados y todo tipo de automotores, es alarmante y caótico. Debe ponerse acento en corregirlo por el bien de todos.