HAY EJEMPLOS QUE EN PARTE DESVIRTÚAN
«LA MALDITA POLICÍA»
La historia de la famosa frase «La Maldita Policía», acuñada en los años del gobierno duhaldista con relación al entonces Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Pedro Anastasio Klodczyk (f) que fuera respaldado por el gobernador de quien dijo era «el mejor jefe de la Policía en la historia», se remite a una época en que la policía bonaerense «era comandada por una serie de comisarios caudillos con zona liberada para casi todo» (Clarín).
A partir de allí el «mote» le quedó a la fuerza bonaerense, cuyos efectivos mucho hicieron y hacen en todo sentido para que siguiera vigente, aún a pesar de que metiendo a todos en la misma bolsa se comete una injusticia, ya que de los miles y miles de efectivos con que cuenta la fuerza, tan sólo una parte le hacen honor a esa aborrecible denominación, mientras que otros ejercen sus funciones con vocación de servicio y responsabilidad.
La triste noticia del fallecimiento del Comisario Inspector Manuel Alejandro Fernández, casarense de nacimiento, que viendo todos los días de su infancia a su padre con el uniforme de policía salir a cumplir con su deber, le generó la vocación de imitarlo y seguir la carrera policial, imbuido de profundos sentimientos ciudadanos al servicio de la seguridad de sus vecinos. Fue así que ingresando a la escuela de policía y convertido en oficial, inició su carrera en la repartición guiado por el ejemplo de honestidad y rectitud de su padre, con una visión patriótica de estar al servicio de los ciudadanos, preservar sus derechos y ser guardián de sus vidas y bienes.
Fiel a esos preceptos no fue Fernández en una fuerza marcada por la corrupción de malos policías una rara avis que se manejaba con valores ciudadanos superiores, sino uno más de los buenos policías cuyo honor se veía mansillado por los malos ejemplos de sus camaradas.
Y pruebas al canto, Fernández fue profeta en su tierra, logrando ser jefe de la policía local sin máculas que lo señalaran, sino por el contrario respetado por sus visibles virtudes que lo hacían además de un hombre bien, un policía ejemplar.
Si alguna vez aquella detestable frase se transforma en La Bendita Policía, Manuel Alejandro Fernández, el querido «Manolo» será considerado su abanderado.